Saturday 20th April 2019,
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Basura Humana

por Javier Blanco Obeso.

En septiembre de 2015, el europarlamentario polaco Janusz Korwin-Mikke dijo que los refugiados que venían a Europa huyendo de la guerra eran “basura humana que no quería trabajar”. Cuando uno llama a grupos de población “basura humana”, está dividiendo a los seres humanos en dos categorías, aquellos que tienen derecho a vivir, a comer todos los días y a tener un techo sobre su cabeza, y el resto, esa basura humana que no tiene derecho a nada. La pertenencia a un grupo o a otro no se elige, se nace siendo parte del grupo de los privilegiados o de la chusma. Los pobres, los que no tienen nada más que la ropa que llevan puesta, o los que nacieron siendo mejores, más avanzados, más civilizados que los demás. En definitiva, nosotros y ellos.

 

La idea no es en absoluto nueva. Ya en la antigüedad los pueblos entendían que los derechos y las ventajas de vivir en uno u otro lugar debían estar reservados a los integrantes de dicho pueblo. La democracia ateniense, que tomamos como espejo de nuestros sistemas actuales, era una sombra de lo que hoy entendemos como democracia. Los atenienses tenían esclavos, las mujeres estaban completamente apartadas de la vida pública y los extranjeros (metecos) no tenían derechos y eran simplemente aceptados. Solo los hombres atenienses en edad de guerrear podían participar en las decisiones de la comunidad y tenían cargos públicos. Cada pueblo en la antigüedad tenía sus propios dioses. Y con “propios” me refiero a que cada dios protegía y cuidaba única y exclusivamente a ese pueblo. Esta estructura de pensamiento en la que los seres humanos se dividen en dos grupos, los “nuestros” y los “otros”, se mantuvo intacta hasta que los romanos empezaron a universalizar el mundo por motivos estratégicos y de organización del imperio. Los romanos añadían a todos los dioses de los pueblos que conquistaban a su propio ecosistema de creencias, de manera que la religión se convirtió en algo personal e intrascendente. En Roma cada ciudadano podía creer en su propio dios, y todos pertenecían a Roma y eran dioses “romanos” desde el momento de la conquista. Al mismo tiempo, al otorgar la ciudadanía romana a todos los habitantes del imperio se creó, al menos dentro de los límites del imperio, una cierta universalidad e igualdad (creada, como he dicho, no por motivos morales sino eminentemente prácticos). Sin embargo, seguían existiendo las diferencias entre los romanos y los bárbaros que intentaban penetrar en el limes. Hay que recordar que la palabra bárbaro es griega y significa “extranjero, diferente”.

 

Es en los evangelios, escritos entre los años 65 y 100 d.C., donde vamos a encontrar por primera vez la noción de igualdad. No existen muchos dioses, sino uno solo. Y todos los seres humanos, sin excepción, son hijos de Él. En este sentido podemos decir que el mensaje cristiano (al menos en teoría) promueve desde hace 2.000 años la idea de que todos los seres humanos son iguales. Obviando si uno tiene fe o no, hay que señalar lo revolucionario del mensaje. En un mundo donde los extranjeros se consideran poco más que monstruos y donde al enemigo se le niega la humanidad y los derechos más básicos, encontramos unos escritos donde se dice que todos somos hijos de Dios y por tanto iguales. Al menos en teoría, ya que la Edad Media estuvo marcada al mismo tiempo por el cristianismo y por la idea de que cada ser humano tiene una función en la vida. “Tú trabaja, tú ora, tú defiende”. Es la división de la población en sacerdotes, guerreros y campesinos, entendida como un designio divino inapelable. El cristianismo medieval no niega la idea de igualdad, pero la pervierte hasta el extremo para justificar el orden socioeconómico imperante: el feudalismo, en el que cada persona tiene unas funciones determinadas marcadas por el nacimiento.

 

Tenemos que llegar al Renacimiento y el Humanismo de los siglos XV y XVI para encontrar  ciertos indicios de cambio. Mientras que en el Medioevo reina el teocentrismo, en el Humanismo el ser humano es la medida de todas las cosas. Aunque aún no aparece la idea de igualdad propiamente dicha, sí que encontramos algunos de los pilares sobre los que se apoya: la libertad del individuo y la huida del dogma religioso, junto al racionalismo y un comienzo de secularización de la sociedad. Todo esto no hace a todos los hombres iguales, ya que durante la Edad Moderna seguía en pie la creencia de personas mejores y peores (aristocracia significa “gobierno de los mejores”), y el monarca basaba su mandato en que había sido elegido por Dios.

 

Entonces llegó el S. XVIII con su Ilustración, y empezaron a aparecer teorías políticas, científicas y filosóficas completamente revolucionarias. El poder político debe proceder del pueblo, no de Dios, los poderes del estado no pueden estar concentrados en la misma persona, no hay dogmas, todo debe ser analizado mediante la razón, hay que separar iglesia y estado. Y lo más importante: todos los hombres son iguales. Hay que decir aquí que aún en la Ilustración se consideraba a la mitad de la población como de segunda categoría: las mujeres seguían siendo tratadas como inferiores al varón. Incluso durante la Revolución Francesa, cuando se hablaba de los derechos del “hombre”, se estaba hablando de los derechos del varón, no de la mujer. El S. XVIII es el siglo de la Revolución Francesa, de la Declaración de los Derechos Humanos y de la idea de que se puede abolir la monarquía y eliminar los privilegios de clase. Los derechos humanos se han seguido desarrollando durante el S. XX hasta llegar a donde estamos ahora. La idea predominante es que todos tenemos los mismos derechos y obligaciones, independientemente de nuestra raza, religión, orientación política o sexual, etc…

 

Sin embargo, ¿qué significa exactamente esa “igualdad”? Incluso hoy en día, el término sigue produciendo confusión en muchas personas. La igualdad se desarrolla en varios campos, que resumidos serían los siguientes:

 

Igualdad de derechos: esto significa que todos los seres humanos tienen los mismos derechos. Si aceptamos un derecho como universal, éste deben tenerlos todos los seres humanos por el simple hecho de nacer. Igualdad de derechos significa abolir los privilegios de clase, pero también significa que no se le puede quitar a alguien un derecho, por ninguna razón.

 

Igualdad ante la ley: este punto es el que provoca más dudas. Mucha gente se pregunta cómo es posible que un terrorista sanguinario o un asesino de niños salga de la cárcel a los x años o disfrute de derechos y protecciones legales. Igualdad ante la ley quiere decir que todas las personas van a recibir el mismo tratamiento ante la justicia. No hay leyes para “buenas personas” y leyes para “malas personas”, de la misma manera que (en las sociedades desarrolladas) no hay leyes diferentes para hombres y mujeres. Una dictadura no se caracteriza por tener leyes especialmente duras, sino porque las leyes no se aplican igual a todo el mundo, además de que es “posible” quitar derechos a determinadas personas por ser, por ejemplo, homosexuales o activistas políticos.

 

Igualdad de oportunidades: esto no significa, como algunos creen, que tenemos “derecho” a todo. La igualdad de oportunidades no garantiza que todo el mundo gane lo mismo que un cirujano,  sino que todos tenemos derecho a desarrollarnos y alcanzar metas en las mismas condiciones. Siguiendo con el ejemplo del cirujano, todo el mundo puede intentar en igualdad de oportunidades estudiar y formarse para ser cirujano, pero eso no garantiza que todo aquel que lo desee pueda lograrlo (a nadie le gustaría ser operado por alguien que simplemente deseó muy fuerte ser cirujano). Este punto es el más difícil de alcanzar porque naturalmente no todo el mundo tiene la misma suerte ni la misma situación de partida. Una familia pudiente, con contactos en el mundo empresarial nos va a facilitar las cosas a la hora de alcanzar objetivos profesionales y desarrollar nuestra carrera. Para alcanzar el mayor grado posible de igualdad de oportunidades, las sociedades tienen que invertir en educación pública gratuita y accesible de calidad.

 

Como vemos, la igualdad es un concepto que ha tardado miles de años en formar la base de nuestras sociedades. El concepto bebe del cristianismo y del humanismo, y se terminó de cristalizar durante la Ilustración y la Revolución Francesa, aunque es en las últimas décadas en las que en las democracias occidentales hemos perfeccionado este valor introduciendo, por fin, a las mujeres como ciudadanos de pleno derecho.

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