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El fuego del amor

por Gema Rebolledo

¡Cuántas luces dejaste encendidas! Yo no sé cómo voy a apagarlas… A pesar de que las musas insidiosas, inquisidoras y usurpadoras de emociones están al acecho de mis cuitas, espero que nunca puedan liquidar las brasas que arden en mi corazón. El fuego del Amor es inextinguible por mucho empeño que pongan en ello. Incendio, llama, brasa, ceniza… nunca desaparecerán de nuestro Ser, porque lo llevamos marcado también a fuego; y aunque espero que no nos pase como en la película y seamos pasto de una combustión espontánea, al menos llevaremos siempre el calor que da la llama eterna que nos asiste. El Amor es fuego, es esa luz incandescente que nos mueve a seguir hacia adelante en el camino, es el calor que mantiene los grados de temperatura que nos empujan. ¡Ah, el Amor! Bendita palabra llena de luminiscencia caliente… algo que mis musas no aceptan en absoluto.

Tanto empeño por apagarme, por enfriar mis anhelos, por congelar mis sueños. Nunca lo van a conseguir. Sólo deseo que lo único que pierda fuerza en la llamarada sea el Miedo, que se consuma en sí mismo y sus cenizas queden esparcidas en el campo del olvido. Yo seguiré por mucho tiempo tostando mis deseos y mis sueños al abrigo de una llama de Amor eterna, una llama de Amor viva, como deseaba San Juan de la Cruz y aunque me hiera el Alma, aunque lacere el ánima, mientras me quede un hálito de vida seguiré abrasándome en el incendio que provoca el Amor. Me declaro amante, es decir, empleada en el oficio de amar y, aunque acabe algo chamuscada, me sacudiré los restos calcinados y resurgiré de mis cenizas por siempre jamás.

 

Parece que fue ayer

cuando casi en primavera

quemamos luces de escarcha,

hicimos votos eternos

de amores a nuestra vera.

Fue ayer. Nos dimos cuenta,

cuando encendimos hogueras

de abrazos y dulces besos

y lazos que nos unieran

con nudos apretaditos

sin que apenas se sintieran.

Luna, estrellas y planetas

conjuraron a la noche

que se deslizó amorosa

entre la piel y las sedas

para adornar la promesa

de días de primavera.

Fue ayer, casi lo olvido,

cuando al mirar en los ojos

ardimos entre las brasas

de un Universo infinito.

 

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