Tuesday 25th June 2019,
Sede Revista – Revista Cultural – Torrelavega

Ficción Utodistópica

por Pablo Calonge

Al escuchar su nombre salió al escenario. Los asistentes rompieron a aplaudir rabiosamente y el ponente, comenzó con convicción su elocución sinuosa:

– Lo utópico es más cercano al sueño y lo distópico a la realidad. Una realidad que varía dependiendo de los ojos que la miren. Por ejemplo, sin ir más lejos, un humano del siglo de XVIII, encuadraría algunos aspectos de nuestra sociedad actual dentro de una distopía creada por un comedor de setas alucinógenas. Sin embargo, simultáneamente, otros elementos los calificaría como utópicos.

Me explico.

Para un humano del siglo XVIII nuestros hospitales, viajar en avión, ver una televisión o usar Internet, serían un sueño hecho realidad, es decir una utopía. Mientras que, el ser vigilado por cámaras, nuestro uso de los medios de comunicación o el hecho de que el gobierno sepa la producción exacta de leche de tu vaca, le resultaría sin dudas enormemente distópico, yo diría que insufriblemente distópico.

Por tanto, a mi parecer, esta dicotomía no existe.

En nuestra mente, sí existe, influido por nuestras propias creencias, lo que denominaríamos el bien y el mal. Pero ambas son producto de acuerdos previos que han servido a la humanidad para progresar. Desafortunadamente, esos cambios que nos llevan a un avance inmediato, es indudable que no ocurren con la velocidad que a todos nos gustaría.

Por eso, por esta razón, estoy defendiendo hoy en este centro del pensamiento mundial, de la ciencia de la razón, la inserción de la ciencia en la niñez. Permitir que desde pequeños se acerquen a la ciencia sin miedo, mediante el juego. Pequeñas mentes haciéndose grandes y experimentando en el que sería el mayor hito en la historia de la ciencia. Un impulso final hacia el saber: La ciencia total donde todos inventamos.

Y para comenzar con esta experiencia sin parangón, nada mejor que enviar a cada niño la ciber cucaracha pack. Mitad cucaracha y mitad robot. La hemos insertado unos electrodos, gracias a los cuales el niño podrá manejar a la cucaracha con solo bajarse la aplicación desde su propio CRUDC (control remoto de comunicación), que incluye, asimismo, instrucciones precisas para aumentar su poder y su tamaño.

Señores, estamos cerca de tocar la Utopía con nuestras propias manos.

Jugar y Producir nos hará más ricos.

Los aplausos de toda la jerarquía de lameculos y sirvientes del poder atronaron aquel recinto. Los científicos lo hicieron tímidamente y un tanto avergonzados. Frente a ellos, Aurelio Jáuregui, que era un auténtico hijo de puta, sonreía satisfecho tras su discurso.

Había sido un profesor universitario mediocre, pero un especialista vendiendo burras. Ascendido inexplicablemente a cargos que no merecía por sus contactos políticos, Aurelio Jáuregui no perdió la oportunidad de pasarse al lado oscuro y comenzar así con el negocio de la compra de voluntades. Su principal labor era la de atraer a los científicos más brillantes, llevándolos a donde, a sus amos y no a la humanidad, convenía; a defender con tesis doctorales la bondad de productos peligrosos o lesivos para la salud o los intereses de los ciudadanos.

– Aurelio, pero ¿qué cojones es esto de la cucaracha y los electrodos? -Le preguntaba el ministro de ciencia entre bambalinas al orador-.

– Mira Ernesto, esto es lo más grande desde la penicilina, ¿te imaginas?: Millones de niños creando ciencia gracias a nosotros, algo con lo que pasar a la historia, señor ministro, no tenga la menor duda al respecto.

– Aurelio, no me joda con esto, mire que tengo a los defensores de los animales en el cogote, incluso la Iglesia y los filósofos no ven muy claro el asunto de controlar cerebros a control remoto…

– Usted tenga la seguridad de que esto será un despegue del PIB mundial; la instauración de una era de conocimiento y prosperidad…. Además, el consorcio que represento es conocido por su generosidad a la hora de dotar económicamente a las universidades y centros de I+D…

El ministro no dijo nada más y salió siguiendo al encargado de protocolo para hablar con la prensa que le aguardaba a la salida.

– Ministro, ministro: ¿Nos puede explicar qué utopía es esa donde están experimentando con el control mental remoto?, ¿No sería esto, en todo caso, un claro caso de distopía?

– ¿Utopía?, ¿Distopía? Depende de como lo mire. ¿Está el vaso medio lleno o medio vacío?, ¿Fue primero el huevo o la gallina? El caso es que, gracias a este concienzudo programa, millones de niños serán científicos algún día… Sí, tú, dime…

– ¿No le parece poco ético meterse en el cerebro de un ser vivo y dominarlo a control remoto?

 – Y, ¿por qué mejor no pensamos las vidas que podrían salvar los insectos cuando, por ejemplo, desactiven una bomba terrorista a control remoto? No permitiré que ningún terrícola pierda la vida mientras nuestro partido esté en el poder. Responsabilidad, señores. Seguridad y responsabilidad, es lo que nosotros ofrecemos con este proyecto de futuro.

– Pero, ¿y quién nos dice que mañana no deciden hacérnoslo a nosotros, o que esto cae en las manos erróneas?

– Ya le he respondido claramente.

– Pero si no ha respondido nada y esto evidentemente, es un claro caso de distopía y dictadura pura y dura… Además, ¿quién se beneficiará económicamente de los resultados de esta investigación masiva hecha por niños menores de 4 años?

 – ¡Seguridad!

La rueda de prensa terminó con el periodista pelota-de-turno haciendo la pregunta preparada, para arrancar así un aplauso cerrado que diera por terminada la susodicha. Los que aplaudían con mayor fervor eran aquellos que sólo pensaban numéricamente y, siempre, a favor de su bolsillo.

 5 MESES DESPUÉS.

BIZZZZZZZZZZZZ (Ruido infinito, poco molesto y futurista que hacen los móviles en una sociedad utopicodistópica).

– ¿Oiga? ¿Es este el centro de quejas del programa Ciber Cucaracha?

– Sí, claro, ¿en qué puedo ayudarla…?

Al otro lado de la línea un tipo delgado y fibroso se sacaba la polla mientras la escuchaba.

– Verá, es que mi niño, al cabo de un tiempo se aburrió de la ciber cucaracha y comenzó él solito a hacer un casco más grande siguiendo las instrucciones que se bajó de la aplicación. Hasta ahí iba todo bien pero, ahora, se lo pone al perro y a la hermanita y, por las noches, se le pone una mirada rara. Le he visto prepararse el café con sólo 4 añitos y atiborrarse de él, pareciera que esperara a que nos durmiéramos para ponernos a nosotros esa mierda de casco y controlarnos a distancia. Mi marido y yo tenemos miedo. ¿Oiga, está ahí?

– Sí, sí, claro, por supuesto, pero, sígame contando…

El tipo se relamía un bigotillo desagradable y decrépito mientras se la pelaba sin descanso.

– Lo de sus notas nos puso sobre aviso de que algo iba mal. Él nunca pasa de cinco raspado y ahora trae sólo dieces. De hecho, Don Eladio, su tutor, odiaba a nuestro hijo, una vez incluso trató de atropellarlo con una moto. Como llevaba casco no pudimos demostrarlo, pero bueno, que me desvío… El caso es que ahora, contra todo pronóstico, sólo llegan felicitaciones de su puño y letra. Esto, lógicamente, y sabiendo como sabemos que nuestro hijo, además de burro, es insoportable, nos hizo juntarnos con varios padres en el mismo caso y decidir ir al colegio a ver, con nuestros propios ojos, lo que allí estaba sucediendo. No me lo va usted a creer pero los niños han tomado control de todo el personal del colegio y juegan con ellos como con la cucaracha: Los hacen caerse, chocar entre ellos; los profesores se han convertido en robots para niños…

– ¡¡¡Argggggggggggggg!!!

– ¿Cómo dice?

– Nada, nada, señora, que la historia me ha afectado mucho y dejado preocupadísimo y sí, sin duda, pasaré esta queja a mis superiores para que le den resolución lo antes posible.

– Muchas gracias y, por favor, dense mucha prisa que ni dormimos por miedo a nuestros hijos…

BIZBAZ (Ruido infinito, poco molesto y futurista que hacen los móviles en una sociedad utopicodistópica cuando termina la llamada).

El tipo, se limpió con el rollo de papel higiénico que tenía junto a su teclado, así como el profuso legado de desheredados lechosos que había salpicado en la pantalla. La luz de su teléfono volvió a sonar y con profunda desgana, tomó la siguiente llamada.

1 AÑO DESPUÉS.

Dentro de aquel búnker dotado de toda la tecnología existente, todo era realmente kitsch en términos de decoración. Terciopelos multicolores, candelabros de brazos de pulpo, alfombras de neopreno de cebra, suelos de hormigón pulido y techos muy altos, lo hacían sentirse a uno en un decadente club londinense de los ochenta.

Sentado en un sillón púrpura de brazos de madera de ébano tallado con siluetas de tías en bolas, se encontraba el ministro con un enfado monumental.

– Le dije que no me jodiera Aurelio y, si esto sigue así, el mundo, tal y como lo conocemos, se irá al carajo. Ni utopía ni leches, tenían razón los demás, esto es una maldita distopía. Pues usted verá cómo cojones salimos de ésta porque los niños han tomado el control de los misiles de destrucción masiva y nos apuntan. No me queda claro qué hacer ahora que tienen al congreso, al senado y al presidente controlado remotamente…

– ¡Hombre, ministro!, todo el mundo sabe que a los niños les gustan los perros y los dispositivos electrónicos de todo tipo. Creo que fácilmente podríamos enviarles unas tabletas como regalo de paz, pero impregnadas con isótopo 25 altamente radiactivo que acabaría con ellos en 24 horas después del primer contacto.

– ¿Me está sugiriendo matar a todos los niños del mundo?

 – Es posible que alguno sobreviva…

– ¡Maldita sea, Aurelio! Inteligencia me informa que desde que perdimos el poder, allí se lo pasan como niños de teta: pura mamada y trabajar lo justo… ¿Se da cuenta?, aquí adentro cada vez todo más distópico y afuera, una utopía digna de Walt Disney. Y usted recomendándome pasar a la historia como Herodes… 

– El poder económico mundial está encerrado en el búnker contiguo y preguntan que cuál es el plan de acción y que a qué hora cenamos.

– ¿Qué sabemos del general Standford?

– Capturado, los niños lo han puesto a hacer macramé…

– ¡Maldita sea! Cuénteme otra vez lo del isótopo 25.

Afuera del búnker los niños dominaban el mundo. Los adultos vestían unos cascos extraños mediante los cuales los niños los dominaban a través de sus controles remotos.

Nadie, salvo los niños, volvió a pensar por sí mismo en aquel planeta. El mundo fue diferente y el juego ocupó gran parte del tiempo. Los niños comenzaron a crear su propio mundo, sin referencias impuestas. Los árboles crecieron, la navegación espacial aceleró su desarrollo y el hambre y las enfermedades desaparecieron, así como el concepto del dinero. El fin era más grande que el enriquecimiento personal. Era la supervivencia de la especie.

Vivían bajo una ética diferente hecha por mentes científicas de niños en desarrollo. Se conformó una sociedad donde pocos pensaban y decidían por el resto. Nada había cambiado tanto en las formas, y relativamente en los fines, y todo a costa de crear un mundo de zombis controlados remotamente.

EPÍLOGO

Un niño iba corriendo a toda velocidad por la calle cuando tropezó tratando de saltar una valla urbana. Se puso a llorar y a llamar a su madre. Se había hecho una herida en la rodilla de la que sangraba abundantemente.

Sacó su control remoto y lo apuntó a la primera mujer que pasó por su lado. Esta lo abrazó, lo consoló, le puso un pañuelo en la rodilla para cortar la hemorragia y lo besó en los carrillos. Cuando se sintió mejor, el niño apretó la pantalla semi-líquida de su control y simplemente la liberó, siguiendo ésta su actividad normal.

Entonces buscó con su vista un hombre, lo controló y le hizo caerse una y otra vez con rabia hasta que sus rodillas sangraron…

Mientras, a 14 kilómetros bajo tierra, atrapados por el pasado y por un golpe de estado perfecto, vivían en una perfecta distopía los restos del pasado.

– ¿Utopía?, ¿Distopía? Todo depende del color con que lo mires -decía el ministro a sus fieles mientras cenaban latas de comida de perro-. Esto es comida de perro o paté, depende de ustedes. ¡Cómo se extraña a Aurelio! No daba una al derecho pero tenía un pico de oro. Capturado por esos pequeños bastardos cuando trataba de hacerles llegar los regalos con el isótopo 25 y, ahora, también controlado… Pero esta Guerra la vamos a ganar, pueden creer en mi palabra. Por Aurelio y por la victoria. ¡Salud!

– ¡Salud! -dijeron a coro sus fieles mientras brindaban sonrientes con orina purificada por la victoria final-.

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