Friday 24th May 2019,
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Historia del teatro: El Romanticismo

por Fernando Sánchez Rebanal

II. FRANCIA

La Revolución Francesa, iniciada en 1789, tiene un gran impacto en el teatro, que comenzó cuestionándose su propia tradición, con sus personajes encumbrados, su lenguaje magnífico, pero no siempre accesible, sus rígidas unidades, su decoro, su buen gusto, su verosimilitud… Un actor llamado Talma, abogará por reformas profundas, pero sin permitir que el teatro cayese en lo vulgar y sensiblero. Él y el sector teatral afín se quedaron en los teatros del centro de París: La Comédie Française, que pasó a llamarse Théâtre de la Republique y el Odeón. Otros teatros secundarios eran: Vaudeville, Varietés, Ambigu-Comique y Gaité. El nombre de los primeros ya nos explica claramente su función. Los dos últimos estaban exclusivamente consagrados al melodrama. Otro teatro era el Porte Saint-Martin, que en 1809 fue consagrado como ópera du peuple, una ópera absorbida por el melodrama.

1.Los románticos franceses

2.Víctor Hugo (1802-1885)

De su producción dramática destacan dos obras ambientadas en España: Hernani (1830), y Ruy Blas (1833). En España busca el barroquismo, los contrastes más destacados, las pasiones más primarias, y la diferencia con Francia.

3. Alfred de Musset (1810-1857)

Cultivador de un género dieciochesco moral y delicioso, adaptado a la sensibilidad romántica: el proverbio dramático. Se basan en juegos de imaginación que componía sin la esperanza de verlos representados. Por esas comedias-proverbios desfila un mundo convencional y cortés compuesto de figuras amables y de fantoches tiernamente ridículos. En decorados irreales se dan cita galanteos, celos, melancolías y gestos de verdad; es decir, una mezcla de realidad y fantasía.

Es también autor de grandes dramas, como Lorenzaccio (1834) que pasa por ser la obra maestra del teatro romántico en prosa.

Max Milner opina que el gran sueño romántico fue imposible en Francia por no haber contado con los elementos necesarios para el hecho teatral: inexistencia de tradición escénica que permitiese a los actores dar con el tono deseado, sin ahogar lo histórico en las emociones individuales; inadecuación del público, incapaz de rebasar los conflictos de los personajes y proyectarlos en la historia y en su historia.

II. EL ROMANTICISMO EN ESPAÑA

1. El ambiente prerromántico

La guerra de la independencia y el posterior reinado absolutista de Fernando VII, causan uno de los retrasos que con frecuencia han caracterizado la historia de las corrientes y movimientos artísticos en España.

Tras el congreso de Viena, en 1815, la Europa postnapoleónica asimila la moda romántica, pero con el matiz conservador que le daban las nuevas monarquías. Ni siquiera este influjo atravesó la península.

El término romántico no se utiliza en España hasta 1818. Con anterioridad a esta fecha se empleaba el término romancesco, cuya equivalencia actual sería exótico o extravagante. A lo largo del reinado de Fernando VII (1813-1833), los románticos no tendrían muy buena prensa. El propio Larra, cuya vida era romántica por antonomasia, no se calificaba como tal.

2. Paradojas del movimiento romántico español

Debemos hacer una apreciación clave: el romanticismo español no pasa de ser un movimiento arrebatado, con apenas quince años de presencia en el teatro, desde el estreno de Don Álvaro o la fuerza del sino, en 1935, al de Traidor, inconfeso y mártir, en 1849. Fue un romanticismo leve, ya que cuando llegó a España, ya se había acomodado a las modas relajadas de principios del XIX (hacía ya cincuenta años que las ideas de Klinger y su Strum und Drang habían irrumpido). Algunos detalles nos ayudarán a hacernos una idea más clara.

Martínez de la Rosa, uno de los padres de la Constitución de Cádiz, miembro del ala ultraliberal de esas Cortes, luchador por la modernización de nuestro país, era un autor neoclásico. Tras sufrir cárcel, exilio y destierro entre 1823 y 1831 conoce nuevas ideas fuera de España y escribe en París La conjuración de Venecia, estrenada en 1834, y que se considera un precedente fundamental del teatro romántico español. Pues bien, en ese momento, su autor tiene cuarenta y seis años y es presidente del Consejo de Ministros de un gobierno muy conservador.

Ángel Saavedra –más conocido como Duque de Rivas–, luchó en la Guerra de la Independencia, fue diputado durante el trienio liberal y condenado a muerte por sus actividades, escapando a Gibraltar y Londres. Conoció el romanticismo durante su exilio entre 1823 y 1834. Estrenó Don Álvaro o la fuerza del sino en 1835, entusiasmando el drama, aunque no la interpretación. Tiene cuarenta y cuatro años y podemos considerarlo un neoclásico metido a la fuerza a romántico.

El romanticismo práctico de Larra se redujo al estreno de Macías en 1834, ya que sus ideas estéticas mezclaban lo romántico con lo neoclásico.

3. Características generales del teatro romántico español

  • Coincidente con los alemanes y franceses en sus grandes directrices, en los románticos españoles advertimos:
  • Afán de transgresión que explica esas mezclas evitadas por los neoclásicos: de lo trágico con lo cómico, de la prosa con el verso…
  • Abandono de las tres unidades. La acción es tan constante y variada que requiere un constante cambio de espacio, siendo necesario el devenir del tiempo.
  • Largas acotaciones para explicar la acción, que cuentan con detalle peripecias y sorpresas. Dicha acción se puede mostrar en cinco jornadas, en vez de las tres habituales.
  • El nivel temático se sitúa en torno a un amor imposible y perfecto, cuyo telón de fondo viene conformado por la historia o la leyenda –con frecuencia medieval–, con claras referencias al poder injusto.
  • Los héroes románticos, de origen misterioso, están cercanos al mito, y suelen sucumbir ante las injusticias políticas. Su arma es el amor.
  • Utilización de fórmulas dramatúrgicas clásicas, pese a que la forma sea renovadora.
  • En la técnica aparecen modernas funciones dramatúrgicas en la escenografía. Los espectadores gozan de nuevos efectos escénicos, gracias a maquinarias que se instalan definitivamente en escenarios que reúnen condiciones para ello: fondos laterales y, sobre todo, telares, para poder hacer mutaciones con cierta rapidez. Es el final del corral de comedias y el principio del teatro a la italiana.

4. El mito romántico de Don Juan Tenorio

Muchos héroes hicieron vibrar al público español, pero ninguno como Don Juan Tenorio, de Zorrilla.

Parece ser que fue un amigo quien insinuó a Zorrilla una refundición de El burlador de Sevilla, pues No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague de Antonio de Zamora empequeñecía la figura de Don Juan. Zorrilla escribió una obra casi totalmente original, ya que añadió nuevos ingredientes a la leyenda: nos da un lapsus de cinco años, entre la muerte de Don Gonzalo y el regreso a Sevilla, el arranque de la obra en Carnaval, y los climas de profanación y misterio. El mayor rasgo de romanticismo es que Don Juan redime su condición de burlador con el amor. La obra gustó poco, y Zorrilla vendió los derechos por poco dinero, pero dieciséis años más tarde, al hacer el papel de Don Juan un actor llamado Pedro Delgado, el reestreno de la obra tuvo un éxito extraordinario. Esto hizo que Zorrilla aborreciese la obra, e incluso escribió una zarzuela para intentar ridiculizar al personaje. Pero no consiguió nada. Durante un siglo ha sido la obra más representada del teatro español.

 


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