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Jovellanos y Cabarrús: Amigos en bandos opuestos

por Luz González Fernández.

En este número hablamos de amistad y es este sentimiento humano el que, muchas veces, define acontecimientos históricos muy importantes. Las revoluciones son realizadas por hombres y mujeres que sienten, padecen y luchan por sobrevivir.

Cuando analizamos los hechos, en ocasiones, olvidamos que tiene por protagonistas seres humanos que, a pesar de vivir sucesos relevantes, no dejan por ello de, eso, vivir y los sentimientos como la amistad forman parte de ese devenir vital.

Muchas amistades podían ser protagonistas de esta historia que hoy nos ocupa pero prefiero dedicarme a dos amigos que tuvieron que elegir caminos completamente opuestos y ambos creían haber hecho lo correcto. De hecho, se escribían a menudo y esas epístolas son prueba de los argumentos que esgrimieron para justificar sus actos. Me refiero a Baltasar Gaspar Melchor María de Jovellanos (nació el 5 de enero) y Francisco de Cabarrús.

Los dos vieron en el reinado de Carlos III una oportunidad para modernizar España, era necesario sacar al país del atraso y ellos eran dos de los muchos intelectuales que tenían ideas para llevarlo a cabo. El Informe sobre la Reforma Agraria de Jovellanos incidía en la necesidad de modernizar el sector económico más importante de ese momento (el primario) y pilar del desarrollo de la industria (sector secundario). Por su parte, Cabarrús fue figura importantísima en la fundación del Banco de San Carlos, hito fundamental en el desarrollo financiero.

Sin embargo, la muerte de Carlos III significará la caída en desgracia de este último al ser acusado por sus enemigos de estafa, debido a los problemas que tuvo el banco, y su ulterior ingreso en el castillo de Batres (Madrid) como prisionero. Jovellanos, ante estos sucesos, intentó liberar a su amigo sin éxito.

Diez años después Godoy rehabilitaría a Cabarrús ya que el valido de Carlos IV era muy aficionado a lo francés y nuestro protagonista tenía grandes aliados en el país vecino. Empero, será ahora Jovellanos el que tendrá problemas ya que, después de ser nombrado Ministro de Justicia (cargo que disfrutará brevemente), caerá en desgracia y será también retenido en un castillo esta vez el de Bellver en Mallorca. Como vemos, las vidas de estos dos amigos son paralelas pero en fechas distintas. Desde luego Cabarrús intentó su liberación, pero tampoco lo consiguió.

Mientras Jovellanos está prisionero en Mallorca, sucede un hecho fundamental que precipitará los acontecimientos posteriores. Fernando, hijo de Carlos IV y heredero al trono, protagoniza el Motín de Aranjuez, una rebelión contra Godoy e, indirectamente, contra Carlos IV. Es común en la historia de España que los enemigos del protegido del rey del momento se apoyen y adulen al heredero, normalmente inseguro o poco inteligente, para eliminar al protegido y, de paso, conseguir en el nuevo rey un pelele que sirva a sus intereses. El caso es que Godoy fue destituido y Carlos IV obligado a abdicar en favor de su hijo. Sin embargo, el padre no va a dejar la corona sin luchar y manda cartas a Napoleón pidiendo su ayuda para recuperarla. El emperador ve en este hecho una oportunidad para conseguir su objetivo desde hace tiempo; conquistar España. Manda llamar al padre y al hijo ofreciendo su mediación y una vez que estos se encuentran en suelo francés los obliga a abdicar en su persona. Napoleón, por su parte, nombrará Rey de España a su hermano José Bonaparte.

Pero, volvamos a nuestros protagonistas ¿qué ha sido de ellos?. Uno de los últimos decretos de Fernando VII posibilita la liberación de Jovellanos y en su vuelta a la península se encuentra con el levantamiento de 2 de Mayo contra los franceses. Este hecho lo convertirá en un personaje, aclamado por su resistencia al despotismo, y en un guía de la burguesía del momento. Cabarrús, entretanto, también se significará por su sabiduría económica y sus relaciones internacionales amplias. Como vemos, esta vez sí coinciden los dos en buenos tiempos aunque el país sufra una guerra.

Será esta guerra, la de la Independencia, la que pondrá a prueba su amistad. El 27 de mayo de 1808, en una Zaragoza levantada en armas, se reúnen los dos amigos para dialogar sobre los nuevos acontecimientos, cómo éstos podrían influir en la historia de España y qué papel podían jugar ellos. El diario de Jovellanos explica cómo transcurrió el encuentro. Se reunieron en el domicilio de un tal Hermida, Comenzó a media mañana y duró «hasta mucho después de mediodía cuando comimos». Además, describe cómo se sentían ante los acontecimientos vividos y cuál era la naturaleza de su amistad: «La llegada se señaló con abrazos y lágrimas y lamentaciones sobre la triste suerte de la patria».

Ahora desconocemos si ya sabían que José Bonaparte les iba a pedir que colaboraran con él y dudamos de si habían decidido cuál era la mejor manera de ayudar a España. Se dice que Cabarrús, en este momento, apoyaba decididamente al frente patriótico (bando español contrario a los franceses) y un posterior encontronazo con un bandolero le hará cambiar de idea, aunque también se rumorea que ya había aceptado ponerse a las órdenes de los franceses. Sea como fuere, los dos discutirían cuál era la mejor manera de servir a España y, seguramente, lo francés significaría progreso frente a lo reaccionario, lo atrasado y lo inquisitorial de lo genuinamente español. Los historiadores que han estudiado el tema hacen hincapié en que los ilustrados de antes de la guerra se convierten en afrancesados en ésta por lo que puede ser que ambos vieran, a priori, una oportunidad en la invasión francesa. Pero, ¿qué hicieron en realidad?

José Bonaparte les ofreció a Cabarrús el Ministerio de Hacienda y a Jovellanos el de Interior. El primero aceptó el cargo, el segundo no sólo lo rechazó sino que se incorporó a la Junta de Asturias y más tarde a la Central (órgano regente español que tomará las decisiones ejecutivas durante la guerra). Es decir, tomó partido diametralmente opuesto al de su amigo.

¿Cómo justificó su decisión?. Estas fueron sus palabras: “España no lidia por los Borbones ni los Fernando; lidia por sus propios derechos, derechos originales, sagrados, imprescriptibles, superiores e independientes de toda familia o dinastía. España lidia por su religión, por su constitución, por sus leyes, sus costumbres, sus usos, en una palabra por su libertad…”.

Cabarrús, por su parte, también argumentaba su proceder exponiendo que su manera de actuar era la única efectiva para mejorar España y luchar contra “la multiplicidad de los males de la Administración pública”. Jovellanos le contestó muy duramente: “Será usted un hombre execrable y execrado de su patria… usted vagará errante sin familia, sin patria, sin amigos”. Pero Cabarrús no cejó en su empeño de convencer a Jovellanos de que su alternativa era la correcta y sólo ésta conduciría a la felicidad pública.

Incluso, cuando el emperador fue derrotado en Bailén y se veía que, quizás, la empresa francesa no tendría éxito, Cabarrús seguía convencido de que había hecho lo correcto. Ahora bien, viéndolo con perspectiva histórica la verdad es que José Bonaparte no realizó verdaderas reformas, sino que se dedicó a aprobar numerosas normas que cambiaron las cosas en apariencia pero no consiguieron la transformación en el fondo. Así lo expresó Jovellanos: “el problema no es que la reforma francesa fuera extranjera, sino que no era reformista”.

Lo cierto es que ni uno ni otro sobrevivieron lo suficiente para ver si su elección tenía el resultado que esperaban. Cabarrús falleció en Sevilla en abril de 1810 cuando parecía que Francia iba a triunfar por lo que no vivió para contemplar la derrota de su causa. Jovellanos, muerto a finales del año siguiente, no presenció el triunfo de los suyos.

Al fin y al cabo deseaban lo mismo pero pensaban que el camino para conseguirlo era completamente diferente. La realidad es que lo que ellos anhelaban se consiguió con la labor legislativa de las Cortes de Cádiz, a pesar de que el reinado de Fernando VII imposibilitó que se llevara a efecto. De todas formas, la semilla ya estaba plantada y más tarde o más temprano el anhelo de estos dos amigos se haría realidad.

La amistad es un sentimiento muy fuerte pero los principios también lo son y estos amigos los antepusieron a la primera. Sin embargo, ambos continuaron escribiéndose intentado justificar con el otro sus decisiones porque, seguramente, consideraban que su amistad debía estar por encima de todo o, al menos, un amigo debe entenderte a pesar de todo.

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