Tuesday 25th June 2019,
Sede Revista – Revista Cultural – Torrelavega

La amistad está en los libros

por Javier Blanco Obeso

En “El conde Lucanor“, del infante Juan Manuel (que aunque lleve el nombre infante era ya un tío con pelos en los huevos), un libro de historias moralizantes de 1355, hay una historia sobre la amistad. Un padre y un hijo conversan sobre los amigos. El hijo asegura tener decenas de amigos dispuestos a todo por él, mientras que el padre afirma no tener más que un amigo y medio. Cuando ambos ponen a prueba a sus respectivos amigos, simulando el hijo haber asesinado a un hombre, los del hijo ponen pies en polvorosa con una excusa, mientras que el amigo y medio del padre demuestran su condición sin fisuras. Una moraleja que todos sabemos: los verdaderos amigos se pueden contar con los dedos de una mano, e incluso tras una larga vida muchas personas no tienen más que un amigo de verdad.

El tema de los falsos amigos es muy antiguo, y de hecho la historia de Juan Manuel es posiblemente copiada de alguna antigua historia árabe o india. Ya en la Biblia, en la parábola del hijo pródigo, encontramos el tema. Mientras duran el dinero, las parrandas y las fiestas, el hijo se encuentra rodeado de muchos buenos amigos. Pero cuando se ve solo y pobre, sin nada que llevarse a la boca más que las bellotas con las que debería alimentar a los cerdos que cuida, la única ayuda viene de la familia.

En la literatura del Siglo de Oro, el amigo es normalmente ese personaje que se cepilla (o quiere cepillarse) a tu mujer. La historia tiene múltiples variantes. Una de mis preferidas es la del “condenado por desconfiado“, que aparece en varias novelas y obras de teatro. Un hombre joven se casa con la mujer perfecta: bella, fiel, hacendosa y cariñosa. La chica lo tiene todo. Pero nuestro personaje no está contento. Sabe que su mujer le es fiel, pero quiere saber si le sería fiel en caso de un intento de seducción. Así que convence a su mejor amigo para que intente seducir a su esposa. El final nos lo podemos imaginar. La pobre cae rendida en los brazos del amigo y el marido incauto acaba de cornudo por imbécil.

Otro ejemplo de amistades peligrosas con mujeres por medio lo tenemos en Therese Raquin, de Zola. Dos amigos inseparables. Uno de ellos se casa con una mujer algo histérica, que se aburre pronto de él y termina acostándose con el amigo. Al final terminan matando al pobre cornudo. A partir de aquí Zola teje una historia angustiosa de terror psicológico, con la sombra del amigo muerto acechando sobre una historia de amor que comienza mal y termina peor.

Sin embargo, en la literatura también encontramos historias de amistad que, vistas desde la perspectiva libre de prejuicios actual, incluso podrían esconder un tipo de relación homosexual. El mejor ejemplo lo tenemos en el doctor Watson y Sherlock Holmes. ¿Qué podemos decir aquí que no sepamos? Dos hombres solteros que viven bajo el mismo techo, lo comparten casi todo y prácticamente se pasan el día juntos…

Y hablando de literatura inglesa, la serie de Harry Potter es, olvidando toda la parafernalia de ciencia ficción y magia, una historia de amistad. En el primer volumen, la autora nos presenta a Harry como un mago con poderes extraordinarios. En los capítulos posteriores esto cambiará completamente (y en mi opinión de manera acertada). Harry es un mago del montón. Tiene un par de puntos fuertes, como volar y el hechizo patronus, pero si analizamos la clave de su éxito contra Voldemort, hemos de decir que solamente gracias a sus amigos consigue salir airoso de la mayoría de las situaciones. En los libros de Rowling el individuo aislado no puede conseguir nada, necesita a sus amigos. En ese sentido, Harry Potter es una historia de amistad por encima de todo, de sacrificio total, incluso de la propia vida, y esa amistad entendida de manera clásica es la fuerza que logra lo imposible: la destrucción de Voldemort, cuyo único punto débil es precisamente que no tiene amigos, está solo. Sus seguidores están con él por miedo, ambición o pura maldad. Es el segundo mago más poderoso del mundo, y toda su fuerza resulta inútil ante un grupo de amigos. Otro ejemplo de esto serían Los tres mosqueteros de Dumas. Detrás de todas las aventuras, de todas los lances y escarceos, de todos los duelos y los pistoletazos, no existe más que la historia de cuatro amigos que cabalgan juntos.
En contra de lo que pueda parecer, los amigos no tienen que ser necesariamente parecidos. Ya lo hemos visto en el caso de Sherlock Holms y Watson. En español tenemos el caso que a todos nos viene a la mente: Don Quijote y Sancho. Dos personas que no pueden ser más diferentes: uno delgado, el otro gordo, uno lunático y soñador, el otro con los pies en la tierra… Y sin embargo son amigos. Y tienen una amistad que sobrevive a las peores palizas, humillaciones y derrotas. Ser amigo cuando todo va bien no es difícil, lo difícil es serlo en la adversidad, cuando la vida nos da malas cartas. En la amistad, como en el amor, no se trata de la búsqueda de lo igual, sino de lo diferente. El amigo no es aquel que es como yo, sino el que me complementa y perfecciona. La versión cómic de Don Quijote y Sancho Panza serían los eternos Mortadelo y Filemón.

La amistad es a veces también amor e incluso sexo. Libros sobre el tema hay a montones. Una magnífica novela es Castillos de cartón de Almudena Grandes. El libro cuenta una historia de amistad, amor y sexo entre tres amigos. La mezcla de estos tres elementos es a menudo explosiva, y difícil es que al final no acabe todo reventando y llevándose a sus protagonistas por delante, como ocurre en cierta medida en esta obra. Sin embargo, amistad y amor no tienen por qué aparecer en paralelo. La amistad es muy a menudo la antesala de lo que vendrá después.

Una amistad en la niñez o adolescencia puede obsesionarnos el resto de nuestra vida, de manera que seamos incluso capaces de dejarlo todo por una mujer a la que no vemos desde hace años. Es lo que le ocurre a Hajime en una novela de Haruki Murakami, en la que la repentina aparición de Shimamoto, su amiga de la infancia, pone su vida literalmente patas arriba.

Resumiento, ¿qué es la amistad? A modo de moraleja diré que la amistad no se compra con dinero, los verdaderos amigos no te abandonan en los momentos de dificultad. Tú solo eres fuerte, pero con tus amigos lo serás mucho más. Tu mejor amigo se parece a ti, pero también te complementa con sus diferencias. Entre la amistad y el amor hay una frontera que se puede traspasar, aunque hay que aceptar las consecuencias. La verdadera amistad dura toda la vida. Y Sócrates dijo: “no dejes crecer la hierba en el camino de la amistad“.

Like this Article? Share it!

About The Author

Leave A Response