Friday 24th May 2019,
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La filosofía en el cubo de la basura

Por: José Antonio Olmedo López-Amor

Título: Nunca fue tan hermosa la basura

Autor: José Luis Pardo

Editorial: Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores

Género: Ensayo

Nº páginas: 400

Año de publicación: 2010

Esa ingente apisonadora capitalista, sí, la información rodante, y la flotante, su poética de manual, más conocida como «cultura de masas», nos convence a diario: a golpe de ratón, de dial, de mando a distancia, de que somos la mejor de las sociedades posible; no puede haber raza más sana, guapa y sofisticada que la nuestra. Resulta anecdótico, patético, humillante, descorazonador, que detrás de esa pátina virtual que los sistemas venden con programados marketing, la verdad solapada sea que vivimos en un mundo de completa basura.

Tele basura, comida basura, contratos basura. La ideología del contemporáneo citadino, si podemos llamarla así y no rebautizarla como una espiral de vicios y servidumbres, se reduce a la devastación natural, antihumanismo y consumismo. Recluidos en nuestras ciudades-basura, somos inducidos al entretenimiento, a la opulencia, a la jerarquización, a la obediencia. No ejercitamos, —y ya creemos que ni nos interesa—, algo tan poderoso como antaño fue el pensamiento. Este mundo necesita de muchos y buenos pensadores; hombres que, fuera de la estructura mecanizada de la mercadotecnia, cuestionen, critiquen, propongan, violenten el no pensamiento, el pensamiento basura; y nos ofrezcan otras alternativas “mentales”.

José Luis Pardo (Madrid, 1954), filósofo y ensayista español, es consciente de esta era de detrito embalsamado, de ídolos de barro, cenotafios, vacíos, en la que —intelectualmente— subsistimos. Pardo escribió en el año 2010, Nunca fue tan hermosa la basura, una obra ensayística de cuatrocientas páginas, cuyo título —y esto sí es anecdótico y cuántico— es un verso endecasílabo prestado de Juan Bonilla. En dicho libro, el pensador madrileño etiqueta como «estetización» el súbito y totalitario giro conceptual —vamos a decirlo así— del valor que “actualmente” damos a las cosas. En sus palabras, se dibuja con exactitud ese paso fronterizo entre la “estetización universal” (política) y el “objeto artístico” (no político). Testigo de la sustitución de los códigos éticos por sucedáneos estét[r]icos, Pardo nos dice, a través de diferentes ópticas y con múltiples objetos, que allí donde hay “obra de arte” hay experiencia del sentido del mundo y del significado humano, pero allí donde hay estetización sólo hay nihilismo.

Por este libro pasan: Sánchez Ferlosio, Heidegger, Benjamin y Nietzsche como baluartes de un pensamiento menos académico, menos contaminado por la mercantilidad de los poderes, de las instituciones, que muchos de sus coetáneos; son outsiders del vertedero, supervivientes de la basura, en ella se han fortalecido, y con su abierto raciocinio demuestran que es posible sobrevivir entre la escoria, como el anarco, Jünger, vivió en el palacio del dictador. 

En ese escenario de decadencia, de idolatradas aporías socráticas, están los niños, cuyos juguetes tecnificados (y reciclables) son instrumentos que les tecnifican a ellos mismos. Están los escribientes y copistas, como Bartleby, quienes representaban la —casi única— posibilidad de lo que llamamos “literatura”, cuya desaparición se vuelve paulatina y necesaria a medida que se impone la literatura-basura. O los cuerpos-basura, que deben ser “reciclados” constantemente mediante implantes, cirugía, culturismo. El inope culto al cuerpo (seres-vacío), la fría y confinadora tecnocracia (seres-isla), son dioses-droga de latón en una enferma sociedad politoxicómana y politeísta. También en Nunca fue tan hermosa la basura tiene su lugar la enseñanza-basura, definida por Pardo como «gelatina de conocimiento» quizá el último reducto para algunos, la última esperanza de encaminar las tendencias hacia ese “reciclaje” que se presume el culmen sostenible. En la actualidad, las jóvenes generaciones reciben seudoconocimientos programados como preparación para sus futuros trabajos-basura, junto con una ideología apropiada para la sumisión al feudalismo local. Por no hablar de la defensa teológica de los mitos-basura, mercancía de ínfima calidad que se vende como reliquia santa de una religión que se avergüenza de sí misma.

Leer a José Luis Pardo posibilita concebir al mundo y sus seres como mecanismos y conciencias inútiles, máquinas corrompidas; a través de obras como: La regla del juego. Sobre la dificultad de aprender filosofía (2004) o Esto no es música. Introducción al malestar de la cultura de masas (2007) el profundo y crítico pensamiento de Pardo nos incita a, por lo menos, buscar esa vía de reciclaje de lo ya reciclado que suponga el primer paso hacia la humanización.

 

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