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Los ardientes

por Okoriades

 

“Deja ya de hablarme del fuego. Arde de una vez. Hueles a esperpento, sociedad y rituales de supervivencia. Necesito tu fuego, tu auténtico fuego y no el que huye del Infierno”.

Livarnikan (Ángel prófugo)

 

-1-

La madrugada del 23 de Junio de 1980, aterricé en Zaneh, la isla más pequeña del llamado archipiélago de los vientos; un conjunto de 23 islas que se encuentran en medio del misterioso océano del fuego negro.

El motivo que me llevó hasta allí fue una carta, cuyo remitente era Pemble Heguentor, un viejo amigo, del que no sabía nada desde la adolescencia. Siempre fue un tipo muy solitario. Dotado de una gran sensibilidad y una creatividad fuera de lo común.

Por esas extrañas razones que el destino elije, nuestras vidas se unieron y eso nos permitió compartir un increíble universo de proyectos, sueños y utopías.

Pero un día, desapareció y jamás supe nada más de él.

Hasta esa fecha.

Tengo que admitir que al principio dudé un poco y apunto estuve de romper la carta. Pero esa misma noche, tuve una extravagante pesadilla en la que apareció Pemble, tal y como lo recordaba; adolescente, lleno de vida… llamándome con aquella sonrisa aventurera. Al despertar, me sentí invadido por una poderosa necesidad; la de acudir apresuradamente a la cita.

Y así lo hice.

En la carta iba incluido el billete de ida y vuelta… para el mismo día.

Según Pemble, 24 horas, bastarían para que yo pudiese descubrir, vivir y entender la experiencia que me esperaba en aquella isla. Experiencia, que hoy día, un año después, vuelve a mi memoria como una interminable pesadilla, cuyo final, según Pemble, llegaría cuando el mundo entendiese el verdadero misterio.

Me recibió con un poderoso y largo abrazo. Me miró a los ojos. Los suyos brillaban. Después me llevó hasta la entrada de una cueva. Delante de nosotros iluminaban el camino dos personas con antorchas. Mientras parecíamos descender hacia las entrañas de la tierra, comencé a escuchar sus palabras. Apasionadas… e increíbles.

-Aprende a arder- me dijo al entrar.

Me estremecí. Igual que ahora.

 

-2-

Mi entrañable amigo. No digas nada. Sólo escúchame. No hay mucho tiempo. Todo lo que vas a oír y ver, es producto de más de veinte años de investigaciones.

Al fin, el misterio necesita rebelarse contra el mundo. Es imposible mantenerlo más en la oscuridad. Todo es una gran mentira. Sólo hay una forma de mostrar la verdad. Y esa forma está aquí, en esta isla.

Olvida todo lo que sabes. Las palabras. Los conocimientos. Las experiencias vividas. Nada es. Nada sirve para absolutamente nada. Todo lo creado hasta ahora, todo lo que ha sido creado hasta ahora, es completamente falso. Así que olvídalo todo y céntrate en experimentar lo que voy a mostrarte.

Lo que vas a ver es el principio del todo. La razón primera. Nada de lo que el hombre ha investigado hasta ahora sirve para nada. Son solo pequeños fragmentos del miedo humano.

Nada más.

Escúchame con atención; agua, tierra, aire y fuego…

Si, son los cuatro elementos. Los pilares. Los principios elementales tal y como los conoce la humanidad; aunque en realidad deberíamos decir, tal y como ellos mismos han dejado que la humanidad los conozca, porque, mi querido amigo, ninguno de ellos es en realidad como lo conocemos.

Sí, ninguno de los elementos tiene en realidad la naturaleza que la humanidad ha conocido, estudiado, descompuesto y… manipulado a su antojo para hacer, deshacer y destruir. Porque, ¿y si te dijese que el estado del agua no es el que ves, ni el que puedes beber o utilizar para bañarte, regar o lavar tus platos? ¿Y si el viento, no es en realidad esa fuerza invisible que es capaz de crear lo que la humanidad llama tormentas, ciclones o tempestades? ¿Y si la tierra… sí, la tierra, o al menos eso que llamamos tierra, no es en absoluto lo que nuestros ojos han visto hasta ahora? ¿Y si te dijese, que ni siquiera el fuego, el poderoso fuego, es en realidad esa imponente fuerza candente que todos conocemos?

Sí, mí sorprendido amigo. Así es. Ninguno de los cuatro elementos, son lo que hemos visto y aprendido hasta ahora. Porque lo único que hemos podido entender de ellos, es lo que ellos han dejado que veamos. Sí. Ellos nos han dejado conocerlos. Estudiarlos y manipularlos, una y otra vez, dejando que paseásemos por sus continentes, que probásemos sus sabores y ejecutásemos sus fuerzas… y así conocer cada uno de nuestros rincones, ahondar en nuestras miserias, caminar por nuestras cavernas para conocerlas al milímetro, saber a qué olemos, qué sentimos, qué pensamos, cómo existimos, en definitiva, cuánto miedo y cuánta ignorancia nos invade, solo para una cosa; engañarnos, dejarse amar por nuestro vacío y después… ¡¡Dominarnos!!

Y te preguntarás el por qué de ese estúpido motivo, te preguntarás qué podrían necesitar de nosotros esos cuatro elementos… ¿Quieres saberlo?

 

Antes de que tengas la experiencia más reveladora de tu vida, te aclararé algo más. Algo que también es erróneo y no pertenece a la verdad.

Porque si esa es la información que los elementos han dado a la humanidad, es de esperar, que la mitología, la fantasía, la ciencia ficción y la ignorancia de la humanidad, hayan creado a sus seres equivocados. Sí, errores. Seres de agua que pueden dominar el líquido elemento, seres mezclados con la misma tierra, o con el poder de los vientos, capaces de dominar las tempestades… Olvídate de todo eso, mi querido amigo. Eso sólo es el esperpento de la verdad, la danza que permiten los auténticos poderes. El baile de máscaras donde ellos marcan el baile… y en este caso, el baile, es, lo que vas a descubrir. Lo que vas a experimentar.

El agua, la tierra, el viento y sobre todos ellos, vas a descubrir la verdad… del fuego.

Observa…

 

-3-

De pronto, me cegó un fulgor naranja.

Al instante, brotaron miles de fragancias que invadieron mi mente.

Un poderosa ráfaga de aire (o eso creí), me elevó por los aires.

Intenté entender, buscar a mi amigo, pero…

En unos segundos todo era… energía.

Energía.

 

-4-

No puedo explicar lo que sucedió a continuación. Durante un tiempo indefinido, estuve vagando por diferentes estados. Pasé del frío al calor. Sentí la presencia del agua, dentro de mi cuerpo, hasta el punto de experimentarla como algo ajeno a mí mismo. Paladeé el sabor, el hechicero sabor de eso que llamamos tierra. Intenté abrir los ojos, pero… no podía definir si estaban, si seguían allí existiendo junto a las otras partes de mi cuerpo, porque, de pronto, comencé a sentir cómo todo lo que yo era, iba esparciéndose, deshaciéndose en millones de átomos que iban cubriendo aquella inmensidad oscura donde me encontraba. Y cuanto más me descomponía, cuantas más partes iban surgiendo de mí mismo, algo, una descarga, un fogonazo, comenzó a recorrer todos los átomos que eran yo mismo, fundiéndose…

Fundiéndose… como lava ardiente… fuego… fuego…

Y de pronto, la voz de mi amigo Pemble resonó en algún lado de mí…

-Aprende a arder-

-5-

De pronto me sentí observado por millones de ojos.

Me sentí expuesto en medio de un gran vacío.

No podía definir qué era exactamente yo.

Podía sentirme uno y al mismo tiempo infinitos otros, esparcidos por esa inmensidad, hasta que una parte de mí, que ocupaba un punto a una distancia incalculable de mi otro yo más próximo, logró ver…

Ver…

Y entonces vi la fusión de todos los elementos, manifestándose en un solo cúmulo de energía. Vi, como jamás lo había visto, como eran en realidad.

Vi su verdadera forma, su verdadera esencia…

Ante esa parte de mí, suspendida en algún lugar del vacío, se erguían fuerzas indescriptibles, salvajes, puras, rebeldes y anárquicas; que se movían y se comportaban sin ninguna ley, pero con todas ellas al mismo tiempo. Vi, las manifestaciones de una existencia indefinible, incapaz de ser dominada por ningún poder, porque ellas mismas lo poseían.

Vi la nada.

El todo.

La creación de los elementos y la fusión constante de todos los principios, moviéndose a una velocidad tan violenta, que me sentí atrapado en su vorágine…

Y a su alrededor…

Compartiendo esa danza parturienta…

…se movía, ardiente, un inmenso mar de fuego… fuego… fuego creador…

Fuego que fusionaba uno a uno todos los elementos y todas las esencias que navegaban aparentemente perdidas a su alrededor.

Y entonces me sentí atrapado por aquella visión.

Aquella parte de mí, se sintió atraída, arrastrada hacia la furia ardiente de aquel fuego purificador, que protegía, custodiaba y al mismo tiempo, transformaba todos los elementos, moviéndose brutalmente, como en una danza infinita, llenándome de…

Y entonces…

…ardí…

 

-6-

 

Cuando desperté, me encontraba sentado en la butaca del avión.

Me encontraba aturdido, con un amargo sabor de boca.

Antes de que pudiese entender, una de las azafatas me entregó un sobre con el nombre de mi amigo.

Lo abrí apresuradamente.

Esto es lo que decía:

“Mi querido amigo. Ya lo has hecho. Lo has conseguido. Lo que has vivido es sólo el principio de tu nueva existencia. Lo que has experimentado, te dará la explicación a todo lo que quieres saber. Pero no ahora. Es muy posible que las respuestas vayan llegando despacio. A veces, de una forma sutil. Otras, salvajemente. Algunas, lo harán de manos de la belleza más increíble que hayas visto jamás. Otras, del modo más… violento. Eso no importa ya. Lo esencial es que has conseguido traspasar uno de los límites, una de las membranas del conocimiento. Has logrado deshacerte de aquello que te impedía ver… ver…

Has ardido…

Ahora, solo tienes que esperar. El momento llegará.

Los elementos, la energía condensada, se manifestarán un día. Desconozco cuál será, pero sucederá porque así está escrito el destino de la creación.

Gracias por todo.

La llama existe”.

 

-7-

Cuando terminé de leerla, sentí un extraño estremecimiento por todo mi cuerpo. Inmediatamente, miré a mi alrededor. Mis ojos no veían de la misma forma que antes. Una extraña llama parecía hervir dentro de ellos. Sentía que había en mi interior un fuego poderoso, tan destructivo como purificador. Un fuego que me volvía a llevar hasta los límites de aquel vacío, donde… ahora, entre brumas, puedo recordar que aquellos ojos, aquellos millones de ojos que me observaban, eran en realidad… otros seres, otras llamas, otras existencias llegadas desde todos los rincones del vacío, que como yo, habían traspasado su propia membrana y esperaban a que un átomo más, se uniese a su danza, creando un nuevo destino para la verdadera existencia.

Respiré profundamente.

Entonces me sentí arder. Pero no por fuera. Ardí y ardí, eternamente…

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