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Salvemos las abejas y la agricultura

por Luís Ferreirim

La polinización es un proceso esencial para la reproducción de las plantas y, por tanto, para el bienestar de los seres humanos. El uso de determinados plaguicidas está ejerciendo un daño enorme sobre las poblaciones de abejas y otros polinizadores. Resulta crucial conseguir la aplicación del principio de precaución sobre estos productos y detener un deterioro que puede tener consecuencias nefastas para el presente y el futuro.

Si hay un proceso fascinante en la Naturaleza, ese es la polinización. Mediante ella, las plantas son fecundadas, permitiendo así su reproducción. En este proceso, las abejas melíferas asumen una importancia destacada. Son unas de las más eficientes y, además, han sido las principales protagonistas de una actividad humana milenaria y, sin duda, una de las más sostenibles: la apicultura.

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Beneficios inconmensurables

La importancia de la polinización para la seguridad alimentaria y para la biodiversidad es indiscutible. Solo en Europa el 84% de los cultivos y el 80% de la flora silvestre dependen de la polinización animal, en particular de los insectos. El valor de la polinización es inconmensurable, pero solo para la agricultura europea se estima en unos 22.000 millones de euros anuales, mientras que a nivel mundial se valora en unos 265.000 millones de euros. La polinización es un servicio ecológico gratuito que regalan los insectos, pero, si nos fallan los polinizadores, la crisis ecológica, alimentaria y económica en que podemos caer tendrá dimensiones inimaginables.

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Pero a pesar de su relevancia, las abejas y el resto de polinizadores están en peligro. El reciente informe de Greenpeace El declive de las abejas. Peligros para los polinizadores y la agricultura Europea [1] muestra que la mortandad de las abejas es el resultado de un conjunto de factores. El cambio climático, la presencia de enfermedades y parásitos, pero también las prácticas de la agricultura industrial, provocan graves impactos a las poblaciones de estos insectos tan beneficiosos. En particular se muestra que el uso generalizado de plaguicidas en la agricultura está poniendo en peligro el futuro de las abejas y otros polinizadores y, como consecuencia, de la propia agricultura.

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Y esto sucede cuando la superficie agrícola dedicada a cultivos que dependen de la polinización aumentó cerca de un 17% en los países desarrollados y el 9% en los países en vías de desarrollo en el período de 1961-2006.

Por otro lado, vemos como la pérdida de biodiversidad es una de las principales amenazas para la Tierra. Las evidencias actuales indican que la sexta gran extinción de la diversidad biológica ya está en marcha y que en cada década se pierde entre el 1 y el 10% de la biodiversidad. El valor de la polinización para los ecosistemas es inmensurable y nadie se puede atrever a estimarlo porque, además, si hay algo que está mucho más allá de cualquier valoración económica eso es la Naturaleza.

Riesgos de los plaguicidas

Los neonicotinoides se han convertido en uno de los tipos de insecticidas más comúnmente utilizados en las últimas décadas. El imidacloprid (38 productos comerciales en España, como Gaucho, Seedo, Couraze, Seedoprid, Picus, Escocet…), la clotianidina (Poncho y Dantop en España) y el tiametoxam (8 productos en España como Cruiser, Actara y Axoris, y sus variantes) están entre los insecticidas más vendidos del mundo y suponen el 85% del mercado de su tipo, cuyo valor ascendía a 2.236 millones de dólares en 2009. El imidacloprid es el insecticida más vendido del mundo, con beneficios de 1.091 millones de dólares en 2009.

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Se trata de insecticidas sistémicos. Después de ser aplicados no se mantienen solamente en el exterior de la planta, sino que entran en su sistema vascular y se distribuyen por ella. Algunos neonicotinoides se utilizan para recubrir las semillas (semilla en píldoras) y protegerlas al plantarlas. Cuando la semilla comienza a germinar y crecer, los neonicotinoides se distribuyen por los tallos y las hojas de la planta, y pueden finalmente alcanzar el agua de gutación (las gotitas que exuda el plantón en el extremo de los cotiledones) y más tarde el polen y el néctar. También se utilizan como granulados y en fumigaciones. En España están autorizados más de 100 usos diferentes (desde cereales, leguminosas, hortalizas o frutales hasta cultivos ornamentales).

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Un mayor uso de neonicotinoides significa más posibilidades de exposición de los polinizadores a estas sustancias químicas durante periodos más largos, ya que los insecticidas sistémicos se pueden encontrar en diversos lugares durante el ciclo de vida de una planta. Actúan sobre el sistema nervioso central de los insectos que se quieren eliminar pero también sobre los insectos no objetivo, como las abejas y otros polinizadores. Tienen efectos crónicos y también agudos que provocan la muerte inmediata.

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Cuando son aplicados en dosis bajas presentan efectos subletales sobre las abejas que se pueden clasificar en:

  • Efectos fisiológicos a distintos niveles. Por ejemplo, alteran las tasas de desarrollo (es decir, el tiempo requerido para alcanzar la edad adulta) y malformaciones (como en las celdillas de los panales).
  • Alteración del patrón de pecoreo. Por ejemplo, efectos evidentes en el aprendizaje y la orientación.
  • Interferencias en el comportamiento alimentario, mediante efectos repelentes, que inhiben la alimentación o reducen la capacidad olfativa.
  • Trastornos en los procesos de aprendizaje. Por ejemplo, se han constatado problemas en el reconocimiento de flores y colmenas, de orientación espacial, que son muy relevantes y han sido estudiados y ampliamente identificados.

Estos efectos negativos sirven como advertencia de los impactos inesperados que los plaguicidas tóxicos para las abejas podrían tener en el conjunto de polinizadores. Son un recuerdo de la necesidad de aplicar el principio de precaución para proteger a estos insectos tan fantásticos y necesarios.

Al fin, las primeras medidas

Combatir algunos de los factores que hacen peligrar la salud de los polinizadores implica inversiones a largo plazo, pero la prohibición de los plaguicidas tóxicos para estos insectos es algo que se puede hacer de forma inmediata.

Después de casi 20 años de inacción desde que los apicultores franceses denunciaron los efectos de uno de los neonicotinoides (el imidacloprid) sobre la salud de las abejas, el pasado mes de enero la Comisión Europea presentó una propuesta para la prohibición de tres de estos insecticidas (imidacloprid, clotianidina y tiametoxam) cuya toxicidad para las abejas se había demostrado [2].

A pesar de que 13 países votaron a favor, la propuesta no salió adelante en la primera votación el pasado 15 de marzo. La presión por parte de las grandes corporaciones como Syngenta y Bayer, que están detrás de estos plaguicidas, no ha podido con la gran movilización social en torno a este tema. Fue grande la sorpresa al ver que entre los 13 países que votaron a favor de la prohibición se encontraba España ya que partía de una postura bastante contraria a la propuesta. Este cambio solo fue posible debido a la fuerte campaña de organizaciones como Ecologistas en Acción y Greenpeace, a la denuncia activa y reiterada durante años del sector apícola y a un apoyo impresionante de muchas entidades de la sociedad civil española (casi 100).

El 29 de abril, tuvo lugar la votación de la propuesta en el Comité de Apelación. Una vez más, el resultado ha demostrado el fuerte apoyo que recibe de los Estados miembros: 15 votos a favor, entre los que destaca España, que ha mantenido su apoyo, mientras otros países lo han cambiado. Aunque lamentablemente no se ha obtenido la mayoría cualificada para aplicar inmediatamente la propuesta, la Comisión tiene ahora un respaldo más que importante y ha afirmado que sigue decidida a proteger a las abejas, por lo que pondrá en marcha la propuesta. Nuestro #SOSabejas ha sido escuchado.

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La propuesta aunque es temporal (dos años a partir del 1 de diciembre de 2013) y parcial (excluye el uso en invernaderos, en cereales de invierno y fumigaciones después de la floración) es un primer y crucial paso. Esta nueva propuesta incluye ahora el tratamiento en semillas, tratamientos para aplicación directa en el suelo y fumigaciones para un listado muy significativo de cultivos y no solo los cuatro iniciales (maíz, girasol, colza y algodón).

Prohibir parcialmente los neonicotinoides es un primer paso para proteger a las abejas, los ecosistemas y la agricultura. El siguiente paso es prohibirlos totalmente junto a otros insecticidas tóxicos, empezando por los siete prioritarios (clotianidina, imidacloprid, tiametoxam, fipronil, clorpirifos, deltametrin y cipermetrin) indentificados en el citado informe El declive de las abejas [1].

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En definitiva, resulta fundamental apoyar decididamente la agricultura ecológica, que es la única que garantiza alimentos y productos saludables para hoy y mañana. Además, protege los suelos, el agua, el clima y la biodiversidad. Genera empleo, es motor de desarrollo rural, asegura cultivos resistentes, no contamina el medio ambiente con productos químicos o transgénicos, y responde a una necesidad imperante de soberanía alimentaria por parte de los pueblos. Se ha dado un primer paso para la prohibición de estos tóxicos, pero la agricultura ecológica es el paso fundamental y definitivo.

 

Notas y referencias:

El declive de las abejas
EFSA identifies risks to bees from neonicotinoids

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