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Sistema basura

por Susana Herrera

Según un estudio realizado por Demoscopia, de entre toda Europa, España es el país más limpio, puesto que pasamos una media de 48 horas al año en la ducha. Parece ser que el colectivo de los jóvenes es el que sube la media ya que el 50% de ellos se ducha una o más veces al día y pasa unos doce minutos bajo el agua cada vez que lo hace. Sin embargo la OMS alerta de los riesgos de la sobrehigiene y señala a ésta como causa principal del aumento de los casos de alergias, dermatitis atópicas y enfermedades varias relacionadas con la piel.

 

Al parecer, tanto el agua como los jabones que utilizamos pueden alterar nuestro PH con consecuencias muy negativas para nuestra salud. De esto se nos viene advirtiendo ya desde hace algunos años; no obstante, la población española en general hace oídos sordos a tales recomendaciones y persiste en su empeño de mantenerse lo más asépticos posible.

 

Sin embargo, nos preocupamos de nuestro aseo personal en exceso, mientras que somos el país que menos recicla los residuos de toda la Unión Europea y donde más basura termina en el vertedero. A modo de ejemplo, aproximadamente el 63% por ciento de la basura urbana se deposita en el vertedero sin tratamiento. Vamos, que si por un lado alardeamos de ser los más limpios de Europa, por el otro nos importa un comino a donde van a parar nuestros deshechos una vez que nos los quitamos de encima al depositarlos en el contenedor. Es como si pensáramos que alguien viene después con una varita mágica y lo hace desaparecer para siempre dejando el espacio libre de nuevo para que volvamos al día siguiente y dejemos allí nuestra bolsa.

 

Obviamente no somos tan ingenuos. No pensamos que eso se desintegra. Simplemente escondemos la cabeza debajo de la tierra como los avestruces. Ojos que no ven, corazón que no siente. Ya vendrá alguien que se ocupará del problema separando la basura para reutilizar aquello que sirva y deshacerse de lo que no.

 

Ese pasotismo que tanto nos caracteriza a los españoles lo extendemos a todos los ámbitos de la vida. Y así nos va. Siempre esperando a que alguien venga detrás a terminar lo que dejamos a medias y a resolver los problemas que nos da pereza afrontar. De tal manera que, aún duchándonos todos los días, a veces más de una vez, desgastándonos la piel a base de jabones y cremas y perfumándonos más que nadie para dejar a nuestro paso una estela de maravilloso aroma, formamos entre todos una “sociedad-basura” integrada dentro de un “sistema-basura”.

 

Una sociedad que hace oídos sordos a las necesidades de los más débiles. Que permite que unos pocos se enriquezcan a costa del trabajo mal remunerado de muchos. Una sociedad que no hace nada por cambiar un sistema político que está ideado únicamente para el que lo creó.

 

Solo un sistema-basura como el nuestro permite una ley electoral en la que no todos los votos tienen el mismo valor y sin embargo, lo llaman “democracia”. Solamente en un sistema basura pueden tener cobijo más de diez mil aforados. Esto significa que en nuestro actual marco institucional habitan más de diez mil personas que no pueden ser en ningún caso juzgadas por los tribunales de primera instancia, sino solamente por el Tribunal Supremo. Estamos hablando del presidente del gobierno, ministros, diputados, senadores, jueces y fiscales, magistrados del Tribunal Constitucional, vocales del Consejo General del Poder Judicial, miembros del Consejo de Estado de España, defensor del pueblo y sus dos adjuntos, miembros de los gobiernos y parlamentos autonómicos, así como sus respectivos defensores del pueblo y miembros de la Casa Real.

 

Siendo así, no es de extrañar que además de ser los más limpios en higiene personal seamos también uno de los países con mayor corrupción entre la clase política. El sistema basura que sirve de marco a nuestras instituciones deja mil posibilidades de salir indemnes a quienes se ocupan de elaborar y aprobar las leyes cuando cometen irregularidades en sus gestiones.

 

Solo un sistema basura deja desprotegida a una anciana y permite que la Audiencia Nacional la desahucie por una deuda de 106,67 euros en la tasa de basuras (qué paradoja, más basura) a la vez que el presidente de un importante grupo de economía que tiene tres empresas en concurso de acreedores y deudas con Hacienda por más de diez millones de euros recibe 37.000 euros para realizar una campaña publicitaria.

 

Un sistema que tolera que desahucien cada día a centenares de familias a quienes los bancos un día pusieron en bandeja una hipoteca sin condiciones y que rescata no a las personas, sino a esos banqueros sin escrúpulos, asfixiando a los desahuciados hasta el punto de obligarles a seguir pagando la deuda aún habiendo perdido sus casas solo puede calificarse de BASURA.

 

Basura es un sistema en el que ancianos que apenas saben leer o invidentes que un día no pudieron hacerlo y firmaron unas preferentes confiando en la buena fe de quienes se las vendieron, ahora no pueden reclamar que les devuelvan su dinero porque la ley entiende que sabían perfectamente lo que firmaban; mientras que la hermana del rey, perfectamente formada y asesorada, va a quedar exenta de culpabilidad en el caso Nóos porque la responsabilidad es única y exclusivamente de su esposo, a pesar de figurar su firma.

 

Basura es una sociedad que no se moviliza, que deja que se pierdan poco a poco los derechos de las personas por temor a perder… ¿a perder qué?, me pregunto. ¿Podemos perder más? Tras la última reforma laboral aprobada por el gobierno los trabajadores perdimos todos los derechos que nuestros antecesores lograron en muchos años gracias a luchas y grandes esfuerzos. Tras la denominada ley mordaza hasta el derecho al pataleo nos han quitado. ¿Qué más podemos perder?

 

Ojalá en un futuro gestionemos los residuos igual que limpiamos nuestra imagen exterior. Y confío en que seamos entre todos capaces de eliminar la basura que nos está inundando hasta el punto de no dejarnos ver más allá de las montañas de bolsas que se generan.

 

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